—¡Pobre Nela! —exclama el médico—. Como ella hay muchos miles de seres en el mundo. ¿Quién los conoce? ¿Dónde están? Se pierden en los desiertos sociales, en lo más oscuro de las poblaciones, en lo más solitario de los campos. A menudo, pasamos junto a ellos y no les vemos. Viven ciegos del espíritu, como Pablo ciego del cuerpo. La gran conquista evangélica, que es una de las más gloriosas de nuestro espíritu, apenas llega a sus oídos como un rumor.